En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio. Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto. Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre. ¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional. En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas', misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores. Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen 'pequeñas faltas' (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves. Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes. La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro. Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de 'tolerancia cero'. La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York. La expresión 'tolerancia cero' suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad. No se trata de linchar al delincuente, ni de la prepotencia de la policía, de hecho, respecto de los abusos de autoridad debe también aplicarse la tolerancia cero. No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo. Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana, como la que no tenemos ahora.
gracias Ricardo
sábado, 29 de noviembre de 2008
viernes, 28 de noviembre de 2008
El mate y el celular
En una de las últimas visitas de Jaime Roos a la Argentina, un periodista le preguntó por sus proyectos para el futuro: ¿nuevo disco? ¿otra gira internacional? ¿cambios en su música? Jaime Roos se tomó un momento y respondió: "Yo soy uruguayo, no tengo proyectos".
La pregunta ansiosa por el futuro y la respuesta que se complace en el presente reflejan mejor que cualquier definición teórica la imagen que los argentinos sostienen de los uruguayos. Cuando a un argentino se le pregunta cómo es un uruguayo, usualmente sonríe levemente y lo caracteriza como una persona tranquila, honesta y de palabra, sencilla y algo melancólica; reconoce con un dejo de envidia que tiene una cultura democrática y vive en un país igualitario y progresista, y, si se anima, termina revelando que Uruguay es casi "una provincia argentina", un hermano menor sin mayores ambiciones.
Desarmar las imágenes que los argentinos tienen sobre los uruguayos -inevitables en la construcción común de quiénes somos, de nosotros y ellos- puede ser revelador. Demuestra, por ejemplo, la ausencia de estereotipos negativos sobre los uruguayos en la Argentina y una predisposición en los argentinos, como dijo un oriental con años de residencia en Buenos Aires, "a creer que el uruguayo es un buen tipo". Pero también que la hermandad argentino-uruguaya, envuelta en el territorio común rioplatense y tan predicada, tiene en realidad una base de desconocimiento mutuo y cierta distancia.
Escapar de las imágenes construidas sobre los otros es complicado. Será por eso que los académicos y expertos consultados en Argentina sobre los que viven en la otra banda del río pudieron tomar distancia de algunos estereotipos, pero otras veces terminaron justificando o discutiendo su contenido. Como dice la antropóloga argentina Rita Segato, las identidades nacionales "no son otra cosa que representaciones hegemónicas de nación que producen realidades", construidas por las élites pero propagadas luego por el Estado, por las artes, por la cultura de todos los que constituyen una nación hasta volverse sentido común.
NI ENEMIGOS NI INFERIORES. "Tenemos una relación curiosa con Uruguay. De hermano mayor por un lado, pero a la vez con una imagen muy positiva. Es muy notable e impropio de los argentinos, que a veces estamos más inclinados a actitudes cercanas al racismo con nuestros países limítrofes", describió Carlos Reboratti, geógrafo e investigador del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), compilador junto con Vicente Palermo del libro Del otro lado del río (Edhasa), que el año pasado reunió trabajos de académicos sobre el conflicto de las pasteras. Siguió: "Cuando los argentinos miramos a nuestros países vecinos vemos países `enemigos`, como Brasil o Chile, e `inferiores`, como Paraguay y Bolivia. Pero Uruguay no entra en ninguna de esas categorías. Como que merecerían ser argentinos pero no se sabe por qué no quieren", ironizó. Lo cierto es que, remarcó, "Uruguay es el más conocido de los países vecinos. No está tan lejos, entrar en él es un cambio que no se nota tanto; los uruguayos hablan distinto, pero no tan diferente a los entrerrianos".
"No se me ocurre un estereotipo fijo sobre los uruguayos, salvo el del mate. Es notable que esto ocurra, para una nación vecina y de la que hay aquí muchos migrantes. No deberían pasar desapercibidos pero pasan. Creo que es porque somos fenotípica y lingüísticamente similares", analizó Alejandro Frigerio, doctor en Antropología, especializado en cuestiones religiosas y de raza y etnicidad, con varios trabajos hechos en Brasil y Uruguay.
Rubén Rada, Víctor Hugo Morales, Enzo Francescoli, Mario Benedetti, Hermenegildo Sábat, Leo Maslíah forman parte del catálogo de uruguayos queridos en la Argentina, con cuyas personalidades se han armado las imágenes que los argentinos tienen de todos los que nacieron en Uruguay. "Ellos hacen un estereotipo tranquilo, confiable, de palabra, honesto, melancólico, de vida pueblerina vista como algo positivo. Los argentinos creen que tenemos una vida menos agresiva, como podría ser la Argentina de los años 40 y 50", enumeró Luis Alberto Quevedo, sociólogo, integrante del consejo académico de FLACSO Argentina, pero sobre todo uruguayo con 30 años de residencia en Argentina. "El complemento de ese estereotipo es el de una persona pachorrienta, provinciana, un tipo con pocas ambiciones, poco emprendedor", agregó, pero aclaró enseguida: "El desequilibrio hacia lo positivo es muy grande. En Argentina, la nacionalidad uruguaya es un pasaporte positivo, te reciben bien". Y recordó cuando, recién llegado a Buenos Aires y con su radicación en trámite, un estudio contable lo tomó como asistente con la sola garantía de ser uruguayo.
EL ESPEJO POLITICO. Los uruguayos, tranquilos pero poco emprendedores; los argentinos, agresivos pero ambiciosos. Las miradas complementarias se ven más claras cuando lo que se compara es la vida política de uno y otro país. Al calor de las crisis de confianza en sus instituciones que la Argentina no deja de atravesar, se descubre en Uruguay un paraíso de la vida republicana. "Uruguay es la primera democracia de América Latina, que se consolida entre 1904 y 1915 y avanza prácticamente ininterrumpida hasta 1973. El dato positivo y a la vez el talón de Aquiles de Uruguay es que armó el primer Estado de bienestar de América Latina, lo que dio por resultado una sociedad bastante igualitaria", apuntó Marcelo Cavarozzi, decano de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín, investigador de los sistemas políticos del continente. "Pero la contracara es que eso funciona en la economía uruguaya como un lastre. Vemos desde Argentina un país que de alguna manera quedó congelado en el tiempo, con un aire decadente pero encantador", apuntó.
Sin embargo, para construir un estereotipo se necesitan dos. Para Cavarozzi,"la mirada a su sistema democrático es bastante reciente. Permanece el estereotipo de que son chicos, modestos y pobres, pero la verdad es que a partir de su misma génesis en su juego de política exterior Uruguay tendió a victimizarse. Le tocaron dos gigantes al lado y eligió esa estrategia", dijo. La figura del senador José Mujica, súbitamente conocido y escuchado ahora en la Argentina, es la que ilustra mejor las distancias. Su vida sencilla en las afueras de Montevideo, que en Uruguay puede ser causa de admiración, en Argentina no puede dejar de ser visto como una extravagancia muy uruguaya.
El fútbol es otra de las arenas en que argentinos y uruguayos definen sus identidades y ponen en escena los rasgos de nacionalidad que atribuyen a otros."Antes, Argentina-Uruguay era un clásico. Nuestro clásico ahora es con Brasil, con el pentacampeón, por esa cosa agrandada de los argentinos, y porque el fútbol uruguayo cayó bastante en los últimos tiempos", sugirió Ezequiel Fernández Moores, periodista deportivo y analista del deporte, actualmente columnista en el diario La Nación, que enumeró sin dudar los rasgos que los argentinos reconocen a los uruguayos en la cancha: "Los uruguayos en el fútbol son tipos derechos, que tienen liderazgo y se lo ganan; tipos con conducta y duros. Los jugadores argentinos están más preparados para las cámaras. Nosotros llevamos el celular y ellos el mate".
Y ejemplificó con algunas figuras del fútbol uruguayo que por aquí son admiradas, por contraste. "Se admira a Francescoli porque jugó en un equipo grande, pero a la vez porque era muy correcto, muy uruguayo. Se portó bien, tuvo calidad y conducta", dijo, y contó la anécdota repetida por aquí, según la cual Francescoli mandaba a su mujer a sacar las entradas cuando iba al cine y él esperaba en el auto, para que no se desordenara la fila cuando la gente le pidiera autógrafos. "Eso es muy uruguayo", remató Fernández Moores. Tan uruguayo como el "maestro" Oscar Tabárez, ex técnico de Boca y hoy en la selección uruguaya, a quien "se recuerda con gran respeto y se lo llama así no porque fuera un genio, en el sentido que le damos acá a esa expresión, sino porque enseñó".
NEGRO AUTÉNTICO. Además, en Uruguay hay negros. Para los argentinos -mejor, para los porteños- es una constatación que merece atención, porque la historia oficial se hizo aquí a partir de hacer invisibible todo lo que no fuera blanco. Los tambores, el candombe, algunos rituales religiosos de origen afro que se mantienen en la cultura más oficial del Uruguay, o la más visible desde afuera, se miran desde Buenos Aires como una señal de autenticidad. "Los argentinos decimos que en Uruguay hay negros y aquí no porque allá los protegieron y acá los matamos", afirmó Frigerio, pero relativizó la idea. "Decir que la negritud es visible en Uruguay no es decir que la negritud define a los uruguayos, como sí sucede en Brasil".
Lo que sí hay es una similitud de varios tipos en los uruguayos que llegan a la Argentina. "Es una migración parecida a la población de Buenos Aires. Los uruguayos que vienen son en general de clase media", dijo Frigerio, y otra vez ejemplificó con Brasil. "La imagen que los porteños tenemos de los brasileños no es la misma que la que tienen en las provincias del Litoral, porque los que llegan allí son distintos".
Otra área importante de migraciones cruzadas han sido las artes plásticas, al punto que, cuando desde los centros del mundo se hace historia del arte, se engloba muchas veces a los dos países como hacedores de un "arte rioplatense". Y si bien Joaquín Torres-García o Pedro Figari fueron bien recibidos en estas tierras, "hay una gran desconexión en las artes visuales de los dos países", según dijo Mario Gradowczyk, ensayista, coleccionista y curador, ex docente en Montevideo y asiduo visitante del país, que se define como "medio uruguayo". "El arte moderno uruguayo está muy bien representado en la Argentina pero no se conoce su arte contemporáneo. Es un problema institucional. No hay en el arte flujo de conocimientos e información. La unidad que se dio en algunos momentos no se ha mantenido y la vinculación se fue deteriorando", analizó.
"Desde aquí los consideramos una provincia menor, es un error craso. El nivel cultural promedio es más alto que el de los argentinos, tienen una visión más compleja del mundo de la cultura y del arte". Y enseguida criticó, paradójicamente, a sus instituciones culturales. "La clase política uruguaya es culta, pero no apoya el campo artístico ni genera recursos para él. El sector privado no ve un lugar en esa actividad; hay una falta de interés en proyectarse y por eso terminan aislándose", afirmó. Lo contrario, dijo, de lo que por estos años se viene dando en la Argentina, convertida cada vez más en un centro de referencia para el mercado artístico regional, y para la cultura en general.
HERMANOS CON FISURAS. Si, al decir de Segato, "la nación es un espacio de deliberación histórica", habrá que pensar que el relato oficial sobre la hermandad rioplatense esconde fisuras. Más allá de las coyunturas políticas y sus consecuencias prácticas, el reciente conflicto entre los dos países por la instalación de las pasteras, y en particular de la empresa Botnia en Fray Bentos, también podría leerse como una puesta en escena de esas imágenes mutuas y complementarias, con más consecuencias negativas para la imagen de los argentinos en Uruguay, y viceversa.
"Durante el conflicto siempre se dejaba claro en Gualeguaychú que el reclamo no era contra el pueblo uruguayo, sino contra los que estaban en el gobierno. La situación ridícula de conflicto no ha llegado a permear nuestra visión de los uruguayos, pero sí al revés. Uruguay siempre ve a Argentina como un hermano mayor caprichoso, pero ahora es casi como un enemigo que se opone a su desarrollo económico. Es un efecto no deseado y complicado de esta situación", apuntó Reboratti.
"En general, las relaciones políticas entre Uruguay y Argentina no han sido muy buenas en el siglo XX. En la época democrática, Raúl Alfonsín y Julio Sanguinetti parecieron acercarse, pero eso no se tradujo en nada práctico", dijo Cavarozzi, y apuntó a un desconocimiento mutuo que se extiende a otros países del continente. "No nos enseñan nada sobre los otros países latinoamericanos, y eso refuerza la ignorancia mutua. Es la lacra latinoamericana, que consolida los estereotipos", dijo.
Como en un espejo, los argentinos encuentran en los uruguayos la contracara de lo que les gusta y lo que detestan de ellos: aplauden la honestidad y la modestia, contra la corrupción y la arrogancia; destacan la tranquilidad y el aire pueblerino, contra la irritación porteña; añoran la calidad democrática y la igualdad, contra la ineficiencia y el abismo entre ricos y pobres. Y aunque en la Argentina no hay chistes sobre uruguayos, prueba irrefutable de que los estereotipos negativos no existen por aquí, la tranquilidad también puede verse como melancolía, la modestia como falta de ambición, las pequeñas dimensiones como problema para proyectarse al mundo. No hay salida: el lector apelará ahora a su idea sobre quienes nacimos del otro lado del río y sabrá perdonar que esta nota, que prometía hablar de los uruguayos, terminó siendo sobre los argentinos.
Argentinos y orientales
Jorge Luis Borges
LOS ARGENTINOS vivimos en la haragana seguridad de ser un gran país, un país cuyo solo exceso territorial podría evidenciarnos, cuando no la prole de sus toros y la ferocidad alimenticia de sus llanuras. Si la lluvia providencial y el gringo providencial no nos fallan, seremos la villa Chicago de este planeta y aun su panadería. Los orientales no. De ahí su claro [sic] que heroica voluntad de diferenciarse, su tesón de ser ellos, su alma buscadora y madrugadora. Si muchas veces, encima de buscadora fue encontradora, es ruin envidiarlos. El sol, por las mañanas, suele pasar por San Felipe de Montevideo antes que por aquí.
Raquel San Martín
De: EL PAIS de Montevideo
La pregunta ansiosa por el futuro y la respuesta que se complace en el presente reflejan mejor que cualquier definición teórica la imagen que los argentinos sostienen de los uruguayos. Cuando a un argentino se le pregunta cómo es un uruguayo, usualmente sonríe levemente y lo caracteriza como una persona tranquila, honesta y de palabra, sencilla y algo melancólica; reconoce con un dejo de envidia que tiene una cultura democrática y vive en un país igualitario y progresista, y, si se anima, termina revelando que Uruguay es casi "una provincia argentina", un hermano menor sin mayores ambiciones.
Desarmar las imágenes que los argentinos tienen sobre los uruguayos -inevitables en la construcción común de quiénes somos, de nosotros y ellos- puede ser revelador. Demuestra, por ejemplo, la ausencia de estereotipos negativos sobre los uruguayos en la Argentina y una predisposición en los argentinos, como dijo un oriental con años de residencia en Buenos Aires, "a creer que el uruguayo es un buen tipo". Pero también que la hermandad argentino-uruguaya, envuelta en el territorio común rioplatense y tan predicada, tiene en realidad una base de desconocimiento mutuo y cierta distancia.
Escapar de las imágenes construidas sobre los otros es complicado. Será por eso que los académicos y expertos consultados en Argentina sobre los que viven en la otra banda del río pudieron tomar distancia de algunos estereotipos, pero otras veces terminaron justificando o discutiendo su contenido. Como dice la antropóloga argentina Rita Segato, las identidades nacionales "no son otra cosa que representaciones hegemónicas de nación que producen realidades", construidas por las élites pero propagadas luego por el Estado, por las artes, por la cultura de todos los que constituyen una nación hasta volverse sentido común.
NI ENEMIGOS NI INFERIORES. "Tenemos una relación curiosa con Uruguay. De hermano mayor por un lado, pero a la vez con una imagen muy positiva. Es muy notable e impropio de los argentinos, que a veces estamos más inclinados a actitudes cercanas al racismo con nuestros países limítrofes", describió Carlos Reboratti, geógrafo e investigador del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), compilador junto con Vicente Palermo del libro Del otro lado del río (Edhasa), que el año pasado reunió trabajos de académicos sobre el conflicto de las pasteras. Siguió: "Cuando los argentinos miramos a nuestros países vecinos vemos países `enemigos`, como Brasil o Chile, e `inferiores`, como Paraguay y Bolivia. Pero Uruguay no entra en ninguna de esas categorías. Como que merecerían ser argentinos pero no se sabe por qué no quieren", ironizó. Lo cierto es que, remarcó, "Uruguay es el más conocido de los países vecinos. No está tan lejos, entrar en él es un cambio que no se nota tanto; los uruguayos hablan distinto, pero no tan diferente a los entrerrianos".
"No se me ocurre un estereotipo fijo sobre los uruguayos, salvo el del mate. Es notable que esto ocurra, para una nación vecina y de la que hay aquí muchos migrantes. No deberían pasar desapercibidos pero pasan. Creo que es porque somos fenotípica y lingüísticamente similares", analizó Alejandro Frigerio, doctor en Antropología, especializado en cuestiones religiosas y de raza y etnicidad, con varios trabajos hechos en Brasil y Uruguay.
Rubén Rada, Víctor Hugo Morales, Enzo Francescoli, Mario Benedetti, Hermenegildo Sábat, Leo Maslíah forman parte del catálogo de uruguayos queridos en la Argentina, con cuyas personalidades se han armado las imágenes que los argentinos tienen de todos los que nacieron en Uruguay. "Ellos hacen un estereotipo tranquilo, confiable, de palabra, honesto, melancólico, de vida pueblerina vista como algo positivo. Los argentinos creen que tenemos una vida menos agresiva, como podría ser la Argentina de los años 40 y 50", enumeró Luis Alberto Quevedo, sociólogo, integrante del consejo académico de FLACSO Argentina, pero sobre todo uruguayo con 30 años de residencia en Argentina. "El complemento de ese estereotipo es el de una persona pachorrienta, provinciana, un tipo con pocas ambiciones, poco emprendedor", agregó, pero aclaró enseguida: "El desequilibrio hacia lo positivo es muy grande. En Argentina, la nacionalidad uruguaya es un pasaporte positivo, te reciben bien". Y recordó cuando, recién llegado a Buenos Aires y con su radicación en trámite, un estudio contable lo tomó como asistente con la sola garantía de ser uruguayo.
EL ESPEJO POLITICO. Los uruguayos, tranquilos pero poco emprendedores; los argentinos, agresivos pero ambiciosos. Las miradas complementarias se ven más claras cuando lo que se compara es la vida política de uno y otro país. Al calor de las crisis de confianza en sus instituciones que la Argentina no deja de atravesar, se descubre en Uruguay un paraíso de la vida republicana. "Uruguay es la primera democracia de América Latina, que se consolida entre 1904 y 1915 y avanza prácticamente ininterrumpida hasta 1973. El dato positivo y a la vez el talón de Aquiles de Uruguay es que armó el primer Estado de bienestar de América Latina, lo que dio por resultado una sociedad bastante igualitaria", apuntó Marcelo Cavarozzi, decano de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín, investigador de los sistemas políticos del continente. "Pero la contracara es que eso funciona en la economía uruguaya como un lastre. Vemos desde Argentina un país que de alguna manera quedó congelado en el tiempo, con un aire decadente pero encantador", apuntó.
Sin embargo, para construir un estereotipo se necesitan dos. Para Cavarozzi,"la mirada a su sistema democrático es bastante reciente. Permanece el estereotipo de que son chicos, modestos y pobres, pero la verdad es que a partir de su misma génesis en su juego de política exterior Uruguay tendió a victimizarse. Le tocaron dos gigantes al lado y eligió esa estrategia", dijo. La figura del senador José Mujica, súbitamente conocido y escuchado ahora en la Argentina, es la que ilustra mejor las distancias. Su vida sencilla en las afueras de Montevideo, que en Uruguay puede ser causa de admiración, en Argentina no puede dejar de ser visto como una extravagancia muy uruguaya.
El fútbol es otra de las arenas en que argentinos y uruguayos definen sus identidades y ponen en escena los rasgos de nacionalidad que atribuyen a otros."Antes, Argentina-Uruguay era un clásico. Nuestro clásico ahora es con Brasil, con el pentacampeón, por esa cosa agrandada de los argentinos, y porque el fútbol uruguayo cayó bastante en los últimos tiempos", sugirió Ezequiel Fernández Moores, periodista deportivo y analista del deporte, actualmente columnista en el diario La Nación, que enumeró sin dudar los rasgos que los argentinos reconocen a los uruguayos en la cancha: "Los uruguayos en el fútbol son tipos derechos, que tienen liderazgo y se lo ganan; tipos con conducta y duros. Los jugadores argentinos están más preparados para las cámaras. Nosotros llevamos el celular y ellos el mate".
Y ejemplificó con algunas figuras del fútbol uruguayo que por aquí son admiradas, por contraste. "Se admira a Francescoli porque jugó en un equipo grande, pero a la vez porque era muy correcto, muy uruguayo. Se portó bien, tuvo calidad y conducta", dijo, y contó la anécdota repetida por aquí, según la cual Francescoli mandaba a su mujer a sacar las entradas cuando iba al cine y él esperaba en el auto, para que no se desordenara la fila cuando la gente le pidiera autógrafos. "Eso es muy uruguayo", remató Fernández Moores. Tan uruguayo como el "maestro" Oscar Tabárez, ex técnico de Boca y hoy en la selección uruguaya, a quien "se recuerda con gran respeto y se lo llama así no porque fuera un genio, en el sentido que le damos acá a esa expresión, sino porque enseñó".
NEGRO AUTÉNTICO. Además, en Uruguay hay negros. Para los argentinos -mejor, para los porteños- es una constatación que merece atención, porque la historia oficial se hizo aquí a partir de hacer invisibible todo lo que no fuera blanco. Los tambores, el candombe, algunos rituales religiosos de origen afro que se mantienen en la cultura más oficial del Uruguay, o la más visible desde afuera, se miran desde Buenos Aires como una señal de autenticidad. "Los argentinos decimos que en Uruguay hay negros y aquí no porque allá los protegieron y acá los matamos", afirmó Frigerio, pero relativizó la idea. "Decir que la negritud es visible en Uruguay no es decir que la negritud define a los uruguayos, como sí sucede en Brasil".
Lo que sí hay es una similitud de varios tipos en los uruguayos que llegan a la Argentina. "Es una migración parecida a la población de Buenos Aires. Los uruguayos que vienen son en general de clase media", dijo Frigerio, y otra vez ejemplificó con Brasil. "La imagen que los porteños tenemos de los brasileños no es la misma que la que tienen en las provincias del Litoral, porque los que llegan allí son distintos".
Otra área importante de migraciones cruzadas han sido las artes plásticas, al punto que, cuando desde los centros del mundo se hace historia del arte, se engloba muchas veces a los dos países como hacedores de un "arte rioplatense". Y si bien Joaquín Torres-García o Pedro Figari fueron bien recibidos en estas tierras, "hay una gran desconexión en las artes visuales de los dos países", según dijo Mario Gradowczyk, ensayista, coleccionista y curador, ex docente en Montevideo y asiduo visitante del país, que se define como "medio uruguayo". "El arte moderno uruguayo está muy bien representado en la Argentina pero no se conoce su arte contemporáneo. Es un problema institucional. No hay en el arte flujo de conocimientos e información. La unidad que se dio en algunos momentos no se ha mantenido y la vinculación se fue deteriorando", analizó.
"Desde aquí los consideramos una provincia menor, es un error craso. El nivel cultural promedio es más alto que el de los argentinos, tienen una visión más compleja del mundo de la cultura y del arte". Y enseguida criticó, paradójicamente, a sus instituciones culturales. "La clase política uruguaya es culta, pero no apoya el campo artístico ni genera recursos para él. El sector privado no ve un lugar en esa actividad; hay una falta de interés en proyectarse y por eso terminan aislándose", afirmó. Lo contrario, dijo, de lo que por estos años se viene dando en la Argentina, convertida cada vez más en un centro de referencia para el mercado artístico regional, y para la cultura en general.
HERMANOS CON FISURAS. Si, al decir de Segato, "la nación es un espacio de deliberación histórica", habrá que pensar que el relato oficial sobre la hermandad rioplatense esconde fisuras. Más allá de las coyunturas políticas y sus consecuencias prácticas, el reciente conflicto entre los dos países por la instalación de las pasteras, y en particular de la empresa Botnia en Fray Bentos, también podría leerse como una puesta en escena de esas imágenes mutuas y complementarias, con más consecuencias negativas para la imagen de los argentinos en Uruguay, y viceversa.
"Durante el conflicto siempre se dejaba claro en Gualeguaychú que el reclamo no era contra el pueblo uruguayo, sino contra los que estaban en el gobierno. La situación ridícula de conflicto no ha llegado a permear nuestra visión de los uruguayos, pero sí al revés. Uruguay siempre ve a Argentina como un hermano mayor caprichoso, pero ahora es casi como un enemigo que se opone a su desarrollo económico. Es un efecto no deseado y complicado de esta situación", apuntó Reboratti.
"En general, las relaciones políticas entre Uruguay y Argentina no han sido muy buenas en el siglo XX. En la época democrática, Raúl Alfonsín y Julio Sanguinetti parecieron acercarse, pero eso no se tradujo en nada práctico", dijo Cavarozzi, y apuntó a un desconocimiento mutuo que se extiende a otros países del continente. "No nos enseñan nada sobre los otros países latinoamericanos, y eso refuerza la ignorancia mutua. Es la lacra latinoamericana, que consolida los estereotipos", dijo.
Como en un espejo, los argentinos encuentran en los uruguayos la contracara de lo que les gusta y lo que detestan de ellos: aplauden la honestidad y la modestia, contra la corrupción y la arrogancia; destacan la tranquilidad y el aire pueblerino, contra la irritación porteña; añoran la calidad democrática y la igualdad, contra la ineficiencia y el abismo entre ricos y pobres. Y aunque en la Argentina no hay chistes sobre uruguayos, prueba irrefutable de que los estereotipos negativos no existen por aquí, la tranquilidad también puede verse como melancolía, la modestia como falta de ambición, las pequeñas dimensiones como problema para proyectarse al mundo. No hay salida: el lector apelará ahora a su idea sobre quienes nacimos del otro lado del río y sabrá perdonar que esta nota, que prometía hablar de los uruguayos, terminó siendo sobre los argentinos.
Argentinos y orientales
Jorge Luis Borges
LOS ARGENTINOS vivimos en la haragana seguridad de ser un gran país, un país cuyo solo exceso territorial podría evidenciarnos, cuando no la prole de sus toros y la ferocidad alimenticia de sus llanuras. Si la lluvia providencial y el gringo providencial no nos fallan, seremos la villa Chicago de este planeta y aun su panadería. Los orientales no. De ahí su claro [sic] que heroica voluntad de diferenciarse, su tesón de ser ellos, su alma buscadora y madrugadora. Si muchas veces, encima de buscadora fue encontradora, es ruin envidiarlos. El sol, por las mañanas, suele pasar por San Felipe de Montevideo antes que por aquí.
Raquel San Martín
De: EL PAIS de Montevideo
jueves, 27 de noviembre de 2008
Empresa Automotriz China se instalara en Uruguay

Una comitiva de 15 empresarios de la empresa china de automotores Foton llega a Uruguay en busca del predio donde instalar su planta de armado. Quieren exportar para la región. El intendente de Canelones, Marcos Carámbula, ya les ofreció 10 hectáreas sobre la ruta 5.
El presidente de Valleplan S.A., Juan José Passadore, confirmó a Ultimas Noticias que Beiqui Foton Motor, la empresa de mayor crecimiento en la industria automotriz según el gobierno chino, quiere posicionarse en la región. El punto elegido es Uruguay. En los próximos días llegan los empresarios que confirmarán a la contraparte uruguaya su decisión.
"Están interesados en Uruguay como plataforma de distribución para la región y el Mercosur", dijo Passadore, quien dirige la empresa que representa a la marca china en Uruguay. Se trata de una inversión conjunta entre la firma uruguaya y capitales chinos, con un 50% cada uno. La planta de armado, que requiere un mínimo de 10 hectáreas, podría instalarse en el kilómetro 26 de la ruta 5, como habilitó el intendente de Canelones, Marcos Carámbula: "Nos ofreció el predio, que por estar ubicado en la periferia de Montevideo facilita la operativa de la actividad, pero aún no definimos", aclaró Passadore.
En una primera instancia, mientras se construye la planta, la empresa uruguaya se dedicará al armado de camiones pesados -de la línea Auman- en la zona franca de Libertad, con la intención de exportarlos a Río Grande del Sur, en Brasil. La inversión inicial para esta actividad ronda los 10 millones de dólares y requiere entre 200 y 300 personas para mano de obra. "Vamos a armarlos con cubiertas, baterías, vidrios y tapizados uruguayos para exportarlos durante enero y febrero".
Posteriormente, además de los camiones, se producirán ómnibus, vans, maquinaria agrícola y vial, entre otros. Passadore informó que además demandan los automotores en San Pablo y en Córdoba, Argentina. "Foton ya estuvo en Uruguay y concretó la compra de 500 camiones pesados", agregó el directivo. En los últimos tres meses la empresa uruguaya colocó 140 camiones pesados en Uruguay, lo que implica una cifra de 8 millones de dólares. La firma ya tiene pedidos desde Santa Catarina y espera que se cierre el acuerdo para concretar negocios en el resto de Brasil.
FUENTE: ULTIMAS NOTICIAS
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EL SOMBRERO DE INDIANA JONES

Sabias que el clásico sombrero usado por el Actor Harrison Ford en la serie Indiana Jones es fabricado en Brasil?
Efectivamente, lo es, y muy poca gente lo sabe.
La prenda es fabricada por la empresa Cury, en la ciudad de Campinas, estado de Sao Pablo. La firma produce el sombrero a la medida para Ford, desde que se filmo "Los cazadores del arca Perdida", el primer film de la serie en 1981.
El actor ja utilizo 8 ejemplares de los sombreros Cury. La empresa produce 50.000 unidades por mes, y confecciona la referida prenda en lana, o piel de liebre.
FUENTE: clicrbs.com.br
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Paraguay extraería petróleo desde 2010
Las firmas Crescent Global Oil y Pirity Hidrocarburos invertirán unos US$ 80 millones en la perforación de ocho pozos en la cuenca del Chaco a partir de 2009.

Un nuevo integrante tendría a partir del 2010 el exclusivo club de países productores de petróleo en América Latina. Se trata del Paraguay, que podría comenzar a extraer petróleo desde la cuenca del Chaco, si se cumplen los pronósticos de las compañías estadounidenses Crescent Global Oil y Pirity Hidrocarburos.
Según declararon ejecutivos de las mencionadas compañías al diario local La Nación, a partir de 2009 comenzarán a perforar ocho pozos, con inversiones cercanas a los US$ 80 millones.
Ambas firmas han realizado trabajos de prospección y exploración bajo la modalidad de concesión desde hace tres años y tienen previsto perforar un total de ocho pozos -4 en cada uno de los 2 bloques- de 4.000 metros cada uno, en un plazo no mayor a cuatro años, para lograr hallar crudo que se pueda vender en el mercado. Las empresas estiman un costo de US$ 10 millones por perforación.
Desde fines de abril próximo se instalarán las máquinas en la zona del Boquerón para iniciar las perforaciones. “Si el petróleo está ahí, serán necesarios 26 pozos para sacar todo”, dijo al diario Richard González, representante de Crescent Global Oil.
El ejecutivo aclaró que no tienen ciento por ciento de seguridad de la existencia del crudo, pero que están optimistas “porque hay una cuenca completa, la denominada Pirity, cuya mitad se encuentra en Argentina y la otra mitad en nuestro país, con una extensión de 2.400.000 de hectáreas”.
Un largo anhelo. Según La Nación, Crescent Global había ayudado al MOPC hace 2 años para la recuperación en Houston, Texas, de toda la documentación sobre las exploraciones realizadas en Paraguay a lo largo de su historia. La firma analizó toda esta información con alta tecnología con apoyo de una empresa especializada. “Es esta empresa la que nos dice hay una buena posibilidad de descubrir petróleo en el Paraguay”, señaló González al periódico.
En Paraguay se ha buscado petróleo desde 1947 con la perforación de 50 pozos, sin éxito. Sin embargo, un informe oficial del Ministerio de Obras Públicas (MOPC), difundido el año pasado aseguraba que de los 50 pozos perforados, 20 dieron indicios de la existencia de gas y petróleo en las regiones Oriental y Occidental.
FUENTE: AmericaEconomia

Un nuevo integrante tendría a partir del 2010 el exclusivo club de países productores de petróleo en América Latina. Se trata del Paraguay, que podría comenzar a extraer petróleo desde la cuenca del Chaco, si se cumplen los pronósticos de las compañías estadounidenses Crescent Global Oil y Pirity Hidrocarburos.
Según declararon ejecutivos de las mencionadas compañías al diario local La Nación, a partir de 2009 comenzarán a perforar ocho pozos, con inversiones cercanas a los US$ 80 millones.
Ambas firmas han realizado trabajos de prospección y exploración bajo la modalidad de concesión desde hace tres años y tienen previsto perforar un total de ocho pozos -4 en cada uno de los 2 bloques- de 4.000 metros cada uno, en un plazo no mayor a cuatro años, para lograr hallar crudo que se pueda vender en el mercado. Las empresas estiman un costo de US$ 10 millones por perforación.
Desde fines de abril próximo se instalarán las máquinas en la zona del Boquerón para iniciar las perforaciones. “Si el petróleo está ahí, serán necesarios 26 pozos para sacar todo”, dijo al diario Richard González, representante de Crescent Global Oil.
El ejecutivo aclaró que no tienen ciento por ciento de seguridad de la existencia del crudo, pero que están optimistas “porque hay una cuenca completa, la denominada Pirity, cuya mitad se encuentra en Argentina y la otra mitad en nuestro país, con una extensión de 2.400.000 de hectáreas”.
Un largo anhelo. Según La Nación, Crescent Global había ayudado al MOPC hace 2 años para la recuperación en Houston, Texas, de toda la documentación sobre las exploraciones realizadas en Paraguay a lo largo de su historia. La firma analizó toda esta información con alta tecnología con apoyo de una empresa especializada. “Es esta empresa la que nos dice hay una buena posibilidad de descubrir petróleo en el Paraguay”, señaló González al periódico.
En Paraguay se ha buscado petróleo desde 1947 con la perforación de 50 pozos, sin éxito. Sin embargo, un informe oficial del Ministerio de Obras Públicas (MOPC), difundido el año pasado aseguraba que de los 50 pozos perforados, 20 dieron indicios de la existencia de gas y petróleo en las regiones Oriental y Occidental.
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